La filtración de embriones recurriendo a las técnicas
de selección de esperma, y el PGD son procedimientos
sofisticados que permiten evitar un número cada vez
mayor de enfermedades genéticas, a pesar de haber dado
origen a numerosos debates de orden ético.
Un embrión con algunos
días
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En EE.UU., una pareja de lesbianas sordas concibió
intencionadamente
dos bebés sordos a través de la inseminación
artificial de un hombre con un largo historial de sordera
en la familia. Esta pareja eligió, deliberadamente,
dar a luz dos bebés con una deficiencia. Este
tipo de elecciones despierta nuevas cuestiones éticas.
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Los científicos están adquiriendo cada vez
más conocimientos sobre el funcionamiento de los
genes y su interacción de unos con otros. Recurriendo
al PGD, será posible crear realmente "bebés
a medida", pasando de los test sobre las condiciones
médicas a la elección de características
a medida, tales como la estatura, el color de ojos, el aspecto
facial y, tal vez hasta el grado de inteligencia y la personalidad.
¿Bebé "a medida"
o sólo bebé sano?
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El éxito del PGD ha desviado
la atención de los científicos estudiosos
de la terapia genética en la línea
germinal, que es el intento de alterar los genes
existentes dentro de los óvulos, espermatozoides
o embriones. Cada vez más, los padres pueden
evitar que pase un gen malformado a su futuro hijo,
recurriendo a este tipo de filtración genética.
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En el 2002, en los EE.UU., la familia Nash entró
a formar parte de la historia de la medicina cuando tuvo
un hijo elegido a través de la utilización
del PGD, para conseguir un tejido perfectamente compatible
con el de su hermana mayor que se encontraba muy enferma.
Su hermana padecía una enfermedad genética
muy poco frecuente y el tejido de la placenta de su hermano
recién nacido fue utilizado para devolverle la salud.
Lo mismo ocurrió en 2001 en el Reino Unido, y ahora
muchos padres comparecen ante las autoridades competentes
con el fin de obtener la autorización necesaria para
hacer lo mismo.
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