Durante algún tiempo, los científicos insertaban
genes en óvulos de animales, espermatozoides o embriones,
con la intención de comprender mejor algunas de las
enfermedades genéticas humanas. Por ejemplo, al insertar
genes en óvulos de ratones, los científicos
aprendieron mucho sobre los procesos que pueden originar cáncer,
la fibrosis cística y otras enfermedades que afectan
a los humanos.
El proyecto del Genoma Humano
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En Abril de 2001, nació el primer mono genéticamente
modificado - le pusieron el nombre de Andi (que representa
las palabras "DNA insertado" leído
al contrario). Andi fue concebido a partir de un óvulo
no fertilizado, en el cual los científicos insertaron
un gen gelatinoso denominado proteína verde
fluorescente. Este óvulo fue fertilizado
con un espermatozoide normal de mono. Bajo luces ultravioletas,
Andi adquiría un verdoso brillante, probando
así, por primera vez, que es posible alterar
la formación genética de un primate al
insertar un gen en un óvulo.
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Muchas personas piensan que no es ético modificar
los genes de los monos, muy parecidos a los de los humanos;
defienden que estas técnicas sólo deberían
ser utilizadas en animales como los insectos o los ratones.
Los estudios realizados con animales demostraron que la utilización
de la terapia genética en la línea germinal,
que es la alteración de los genes en los óvulos,
espermatozoides o embriones, puede dar resultados inesperados.
Si se utilizan en humanos, existe el riesgo de que podamos
concebir bebés con enfermedades inesperadas, con daños
cerebrales o con alteraciones en la personalidad. Esta es
una de las razones de por qué la terapia genética
en la línea germinal es actualmente ilegal en muchos
países.
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